LA ENERGÍA DEL CAMBIO

Todo comienza con el deseo de algo diferente. La historia nos muestra que de repente llega alguien que quiere cambiar las normas o las rutinas y su ejemplo o palabras despierta a otras personas. Con el tiempo se forman grupos, tal vez eso genera guerras y se termina instalando por la fuerza una nueva forma de pensar, un nuevo paradigma. Todos los avances que hemos logrado como civilización, en su mayoría se han logrado a través de guerras, protestas y luchas eternas hasta la aprobación de una ley, que tardará, una o dos generaciones o tal vez un siglo más en ser aceptada completamente y considerarse como obvia y humana. ¿De qué depende que algunos cambios tarden sólo 10 años en ser aceptados y otros tarden siglos en poder aceptarse? Podrán enumerarse múltiples razones y algunas muy específicas para cada situación en particular. Sin embargo, si lo llevamos a lo simple, la respuesta depende de nuestras creencias (que están a su vez influenciadas por múltiples factores), nuestra capacidad de aceptar las creencias de los demás, el discernimiento entre ellas y nuestra apertura a transformar las nuestras como consecuencia.

Llega la Pascua y la Primavera con mucha más luz que antes. Casi nada puede ya quedar oculto y a veces no sabemos cómo lidiar con la verdad o si aceptarla como tal. Hay tanta luz que no sabemos ya en qué creer pues nuestras propias creencias se están viendo confrontadas con la realidad. Ésta es pues, la energía del cambio. Un cambio pedido por nosotros mismos pero que al pedirlo, olvidamos las fases de transición. Creemos que estas fases son como un inframundo lleno de oscuridad que hay que atravezar en una lucha constante y entonces algunas veces preferimos quedarnos donde estamos y desistir del anhelado cambio. ¿Y si mas bien creemos en algo diferente? ¿Que tal si creemos que no es un inframundo oscuro, sino más bien un rayo de luz tan divino y brillante, que nuestros ojos necesitan tiempo para acostumbrarse y poder verlo todo con claridad?

Por lo menos a mí, esa nueva creencia me brinda confianza. Pues sólo cosas maravillosas provienen de la luz. Con más luz, hay más energía, hay más acción, la naturaleza responde, hay más color y sobre todo vemos más. Con más luz podemos discernir y con más luz podemos ver las señales que están allí para nosotros. Sólo necesito darle tiempo a mis ojos para que se acostrumbren a esta nueva intensidad lumínica y desde ya agradecer todo lo nuevo que está allí para mí, para nosotros y para nuestra civilización.

Esta energía de cambio es el momento perfecto para ver dentro de nosotros y reconocer nuevas ideas, sentimientos y visiones. Es el momento perfecto para crear, sembrar y dar nacimiento. Es el momento para enfocar nuestro pensamiento y nuestro sentimiento en esa Utopía, escuchando sólo nuestra propia voz y con la confianza en que una nueva luz no sólo mostrará nuevos caminos sino que nos dará nuevos ojos para ver más allá de lo visible.

Así es y está hecho.
Feliz Ostara, Feliz Pascua.

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